lunes, 1 de enero de 2018

Pequeñas cosas


Como diría Serrat "Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia" pero ya sabemos también que "su tren vendió boleto de ida y vuelta".
Me topé hace unos meses con una de esas pequeñas cosas al acudir a una reunión en la sede de un cliente. Un teléfono fijo.

No busqué  el modelo y tampoco es que quiera saberlo. Para nosotros fue siempre "el manos libres".
Estuvo un tiempo en mi casa. Pero después de muchos "cállate Pepe, que no me entero" lanzados por mi abuela a yayi, mi mamá pensó que "el manos libres" iba a ser de mucha más utilidad a mis abuelos en su casa del pueblo.
El "manos libres" pasó entonces a ocupar un lugar privilegiado en un mueble que estaba en la cabecera del sofá. "Menuda maravilla", como diría mi yayi "si no lo veo no lo creo, almacenes San Mateo".  A lo que añadía "gracias a Imeca".
Mi yayi fue el inventor de los memes. Lo afirmo rotundamente. Tenía un montón, algunos los había oído en anuncios antiguos, otros los reutilizaba y les daba forma porque también era muy creativo.
Ya no había que pelearse por el auricular. El "cállate Pepe, que no me entero" siguió aplicando porque ahora hablaban a la par. Era divertidísimo. Les llamaba todos los días al volver de la universidad, para  charlar y vacilar un rato con ellos. Menudo par. Qué cracks los dos. Qué suerte haberlos disfrutado y quererlos.
Y respecto a la privacidad. Ellos no necesitaban que la NSA filtrara sus llamadas. Como cada uno hablaba desde su punta del sofá, toda la calle estaba al tanto de lo nuestros asuntos familiares y más en verano con la ventana abierta. "El manos libres" sí que era un wearable.

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