domingo, 28 de enero de 2018

El mindfulness y el capitalismo

Desde hace bastante tiempo vengo pensando acerca del problema que supone el capitalismo como concepto llevado a un extremo absoluto de antisolidaridad. Y este artículo que acabo de leer de Anita Botwin viene a ahondar en este mismo tema.

Me vuelve esta reflexión de manera recurrente, incluso cuando la Cámara de comercio me manda publicidad sobre "Mindfulness" para controlar el estrés laboral". Seguro que el mindfulness puede estar muy bien y tendrá sus beneficios. Estoy segura de que todo método que suponga evitar la multitarea, estar centrado en lo que haces sin desefoncarte en mil distracciones y ser consciente de lo que haces sin poner el piloto automático, es un beneficio mental. No me cabe duda. Cualquiera que sea el nombre que se le ponga.  Pero que no me lo vendan como remedio para el estrés laboral. Para eso está la conciliación laboral y personal, los horarios sanos y no explotados y los salarios dignos.

El concepto del minfulness que me venden es, en realidad,  una alternativa para evitar los ansiolíticos como los que menciona la autora del artículo, pero que deriva de una misma causa y conclusión: el capitalismo. El "esto es lo que hay", el "al menos cobras los mil euros". El "esto es lo que toca". Y es un problema aberrante del capitalismo. Estoy totalmente de acuerdo, lo que es necesario es la solidaridad, la idea de que somos un colectivo en el que las necesidades de uno, son las necesidades de todos. Un mundo, con recursos limitados, del que todos formamos parte y en el que el "quítate tú, que me pongo yo" debería estar fuera de lugar. Algo que le llevo escuchando a mi mamá desde que tengo uso de razón. Ella lo resumía así: "globalización para todos".

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